México

La lucha de las mujeres para gestionar el agua en la comunidad maya- tojolabal de Saltillo, Las Margaritas, Chiapas, México

 

Entrevistada: Catalina Gómez Cruz

Fragmentos escritos de las entrevistas para el documental en elaboración de parte de Zarape Films, Caza Imagen y la ONG Parcelas del Agua ( apoyo de Lacantún Films).

Redacción: Julia G. Torres Ventura

Preguntas para pensar:

¿Por qué el agua, un líquido de uso diario y necesario para vida no es  una prioridad ni para los gobiernos ni para muchos de los habitantes de  comunidades y ciudades de Latinoamérica?

¿Habrá alguna relación para discriminar esta necesidad debido a que es la mujer quien tiene más responsabilidad de proveer el agua en las comunidades?


 

Estas páginas resumen el proceso por el cual el colectivo de mujeres atravesó para lograr administrar el agua dentro de la comunidad de Saltillo, en Las Margaritas, Chiapas. El relato está basado en la entrevista a Catalina Gomez Cruz, entablada con ella el 12 de octubre de 2013 y traducida del tojolabal al español por Jesús Aguilar Pérez.

El arduo camino para conseguir el agua

En la comunidad tojolabal de Saltillo se realizó la instalación de la infraestructura de agua potable como un proyecto de gobierno. Este proyecto fue mal visto por los hombres de la comunidad quienes consideraron el hecho poco importante en comparación con otras necesidades que se requerían en ese momento (fecha no especificada en las entrevistas).

Luego del cambio de poderes de las autoridades ejidales, tres hombres, que quedaron a cargo del suministro de agua, llegaron a construir el tanque y a reparar en varias ocasiones la bomba; pero pronto suspendieron el servicio de agua potable en la comunidad debido a que los encargados decían tener un adeudo de más de ocho mil pesos con el Sistema Municipal de Agua Potable y la Comisión Federal de Electricidad, por lo que, en reunión de Asamblea Comunitaria, se tomó la decisión de darle de baja al servicio y dejar de proveer agua para las casas de la comunidad.

Durante más de cinco años las mujeres caminaban a diario a la noria, llamada Bulbujá, para cargar agua y llevarla a sus viviendas. La caminata variaba desde diferentes puntos de la comunidad, pero en promedio se recorría entre 40 minutos y una hora para llegar, y se esperaba en una larga fila el turno.

Algunas de las mujeres caminaban con los burros a partir de las cuatro de la mañana para llenar seis cántaros, cumplían con sus actividades cotidianas (comida, milpa, huerto) y, al terminar su jornada diaria, regresaban por más agua; a la mayoría de las mujeres "no les ayudan sus esposos, y no es mi caso mentir porque mis hijos sí me ayudaban a cargar el agua, pero porque ya no tengo esposo" (Gomez Cruz, 2013)

Durante la espera en la fila, Catalina preguntó a las demás mujeres si así vivirían toda la vida. Ella, sabedora de la existencia de las tuberías, de una bomba y de la disposición del agua disponible -porque su ex marido era quien había gestionado la obra durante su período como Comisariado Ejidal-, propuso a las mujeres buscar alguna solución para evitar los trabajos y sufrimientos que pasaban.

La propuesta fue respaldada por otras tres mujeres (Tomasa, Juana y Tomasa, la ahijada), quienes propusieron hacerlo como un colectivo de mujeres a partir del grupo del programa Oportunidades. Pero, antes de hablar con el colectivo, decidieron acudir a la presidencia municipal de Las Margaritas para conocer el monto de la deuda.

Lograron ser atendidas después de tres intentos y se enteraron de que la deuda era de setecientos pesos: "Descubrimos que no teníamos deudas, nomás nos estaban engañando los hombres que estaban tramitando el agua" (Catalina, 2013).

En ese mismo viaje consiguieron el dinero. Fueron con el Presidente Municipal Antonio Vázquez Hernández para pedirle el dinero, mas les dijo que ya no tenía presupuesto porque estaba rindiendo cuentas. Diestras, le dijeron al Presidente Municipal: "pues si no nos vas a dar apoyo siendo tojolabal, vamos a ver que hacemos [...] porque necesitamos mucho el agua y ya sufrimos mucho".

Este grupo de cuatro mujeres reunió al resto de mujeres de la comunidad para decirles que la deuda ya estaba pagada y que necesitaban de su apoyo, así como de la unión para seguir con los trámites y cooperaciones mensuales del servicio. El colectivo aceptó y tomaron la decisión de pedir permiso a las autoridades de la comunidad (los hombres) para realizar el resto de los trámites, de tal modo que la infraestructura volviera a funcionar.

Acudieron al Comisariado Ejidal (Don Lupe Vázquez) para avisarle que ya se había pagado la deuda y que se realizarían los trámites para volver a tener agua en las casas de la comunidad. Le solicitaron los documentos de propiedad y permiso de uso de la bomba, así como los pagos que se habían realizado, pero contestó que no los tenía, guiándolas con otros comisariados anteriores.

Tardaron ocho días intentando localizar los documentos en la comunidad sin tener éxito. Entonces acudieron al líder de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) Histórica, Luis Hernández, para que hablara con los hombres y les pidiera los documentos. Con esta intervención, las mujeres obtuvieron permiso para checar los archivos del comisariado y el permiso para salir de la comunidad.

Al poco tiempo, los hombres mandaron a llamar a las cuatro mujeres ante la Asamblea para que les informaran por qué estaban dando vueltas en vano, pues parecía que sólo querían pasear con el pretexto de encontrar los documentos. Les dijeron que no tenían los pantalones como los hombres para hacer los trámites y que cuando las mujeres necesitaban que les sellaran algún documento, el comisariado les recordaba que no eran ellas las encargadas de realizar esa gestión. Finalmente, una copia de los documentos fue encontrada en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) en la ciudad de Comitán, pero además tuvieron que demostrarle al Presidente Municipal la existencia de la instalación de la infraestructura con los documentos y una visita de reconocimiento a la comunidad.

"Ahora que demostraron que sí es verdad y no están jugando, ustedes mujeres quedarán de responsables y ustedes serán las cuidadoras y beneficiarias del agua en la comunidad [...] aprovechen esta oportunidad de vivir con agua si es que es verdad que son meras mujeres" (palabras del presidente municipal Felipe de Jesús Ruiz Moreno, citadas por Gómez Cruz, 2013).

El Presidente Municipal les recordó: "el agua corresponde a los hombres tramitarla, no es bueno que ustedes estén luchando por esto" (Gomez Cruz, 2013). Les dijo que si eran "meras mujeres" quedara a cargo el comité, dándole el puesto de presidenta a Catalina, el de secretaria a Tomasa y el de tesorera a Juana. Él, también les pidió un documento firmado por todas las mujeres para que se comprometieran a pagar el agua.

Los primeros problemas de la gestión del agua, para las mujeres

El primer comité de agua duró tres años y los subsiguientes se organizaron para mantenerse por dos años. Los principales problemas fueron la desconfianza de las demás mujeres por las cuotas de la luz y la frecuente descompostura de la bomba.

Respecto a la luz, las mujeres dudaban sobre la cantidad que tenía que pagarse, pues a veces oscilaba de 2 mil 500 a 2 mil 900 pesos, pero si se descomponía la bomba aumentaba la cantidad. La bomba era de cinco caballos de fuerza y por el aumento de las familias usuarias del agua, decidieron solicitar una bomba de doce caballos al Presidente Municipal en turno, Jorge Luis Escandón Hernández.

"Y ustedes, de dónde salieron pue, nunca habíamos visto mujeres que hicieran ese tipo de solicitudes", les dijo el Presidente; a lo que las mujeres contestaron: "si ya tenemos derechos las mujeres y el agua es nuestra vida. El hombre no pregunta ni cómo ni de dónde está viniendo el agua, ellos cuando llegan de su trabajo nos piden su agua, pero a nosotras nos cuesta traer el agua".

De ese modo lograron obtener la bomba de doce caballos de fuerza, la que tardó en llegar dos años, pero que se utiliza hasta el momento. Ahora cada que se descompone, las mujeres pagan por la compostura entre 14 y 20 mil pesos. Cuando ya no reciben apoyo de los Ayuntamientos, las mujeres reúnen la cantidad con cooperaciones.

Las cooperaciones

Las aportaciones para los pagos respectivos las obtienen las mujeres: "cuando hay cooperaciones lo conseguimos nosotras, vendemos una cuartilla de frijol o un gallo". Cada mes se paga 30 pesos y por una nueva instalación de agua, que debe ser solicitada por la madre, se cobra 45, más las cooperaciones que ya se habían dado anteriormente. Con ese dinero se realiza el pago de luz, el del bombero (70 por día), las instalaciones en otras casas, grasa, algunas llaves o tornillos y las reparaciones de la bomba.

Reuniones

Las mujeres que tienen tomas de agua en su casa se reúnen mensualmente el día diez. Cada mujer que necesite una nueva toma de agua debe pedir permiso al marido o a los hijos para ingresar al grupo y beneficiarse del agua porque hay compromisos.

Siguen el mismo modelo de las reuniones de Asamblea de los hombres. Cuando alguna mujer falta a la reunión, manda a una de sus hijas o nueras, pero si tampoco puede ir alguna de ellas, paga una multa de cinco o diez pesos manifestando que repiten el estilo de reuniones de Asambleas que tienen los hombres. Ahora no quieren que intervengan los hombres en la gestión del agua: "pensamos que lo van a echar a perder, porque los hombres piensan diferente".

Comité incluyente

También existen hombres en el comité, el bombero y los cobradores en los barrios. El bombero es la persona encargada de encender y apagar la bomba en determinados horarios, así como de abrir las llaves que controlan el paso de agua en cada calle. Los cobradores son cuatro hombres que cobran en las reuniones y acuden a las casas para cobrar por barrios. También se les invita a las reuniones para que pasen lista y den los informes de quienes aún no han pagado.

El respeto de la comunidad

Este colectivo de mujeres además logró bajar diversos proyectos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). En el año 2013, organizaron una feria de gastronomía en donde varios hombres integrantes de las autoridades de la comunidad agradecían y reconocieron la labor de las mujeres en la comunidad. 

Facebook: Zarape Films

Facebook Caza Imagen: Na Canan y www.cazaimagen.com