— El Salvador —

Todos somos Bertha. Dar la vida por la vida.

"He visto monumentos de líderes que mataron en guerras. Pero no he visto monumentos de activistas que perdieron su vida por defender la salud y la naturaleza, presente y futura de las mayorías"

En nuestro paso por El Salvador no visitamos o contactamos proyectos debido al recién asesinato de Bertha Cáceres. A un año de nuestro recorrido, veo la necesidad de escribir sobre la realidad encontrada en este País, pues refleja a muchos otros. 

A Bertha la conocí en una reunión en CIEL (Center for International Environmental Law) en Washington DC. Me admiró su valor y seguridad para señalar a los directamente responsables de la contaminación, extorsión y corrupción en su país y lugar.

En el 2015 fue asesinada y su caso aún está inconcluso como muchos otros en el mundo. Bertha tocó intereses no sólo económicos de las empresas transnacionales o mineras por defender el territorio y agua de varias comunidades en El Salvador, también tocó intereses económicos y morales de algunos políticos y funcionarios en el gobierno nacional, estatal y local. Sus razones eran muchas y obvias, pero no para los que pocos que perdían dinero. Bertha defendía a varias personas y familias, al presente y futuro de muchos salvadoreños y a un territorio con posibilidades de brindar calidad de vida y no enfermedades.

La cultura de la impunidad para los activistas que defienden los derechos humanos y la vida se ha vuelto un común denominador en el mundo. Más de 500 líderes, defensores de la naturaleza han sido asesinados entre el 2015 y 2016 en diversas partes del mundo: https://www.theguardian.com/environment/ng-interactive/2017/jul/13/the-defenders-tracker. La mayoría de los casos son similares y parece ser un común denominador cuando te enfrentas a monstruos que no sólo tienen el poder económico para comprar a los locales con pequeñas inversiones en aparentes beneficios, sino también con el poder para matar y comprar a los funcionarios involucrados.

Defender a los bosques, el agua, los árboles es una emboscada. Por un lado es la lucha de la industria y el falso desarrollo basado en el consumo y el dinero los que están asesinando. Por otro lado las autoridades y gobiernos no están aplicando la ley dejando los crímenes impunes y la puerta abierta para seguir matando a quienes son la voz de pueblos y comunidades que viven de y con la naturaleza. Finalmente la sociedad civil que tiene oídos sordos y no se suma a la lucha por exigir la mínima protección de derechos (ya no hablemos de calidad de vida).

El futuro que nos depara puede sólo ser un perder y seguir perdiendo. En Latino América y otros países que presentan estos casos en el mundo, debemos pagar el precio contaminando, deforestando, explotando el territorio y los recursos para el beneficio de quienes consumen oro, plata, uranio, electricidad en otros países. Lo que implica existir y vivir dependiendo de las necesidades de los países ricos; lo que refuerza el sentir de la explotación que hemos vivido desde la época colonial.

Lo peor, es que varios locales consideran que el desarrollo es ofrecer trabajos con salarios muy bajos a pocos locales, construir carreteras y escuelas que beneficien a estas industrias y mover dinero a corto plazo, matando a largo plazo. Por ejemplo, en pocos años, el agua y estos recursos serán muy preciados y valorados, estos pocos recursos ganados no serán suficientes para obtenerla y estos gobiernos no podrán invertir en salud y agua para estas comunidades locales que pagaron el precio.

¿Qué podemos hacer para ofrecer mejores y no peores condiciones a nuestros descendientes?, ¿Será que debo heredar un poco de dinero para comprar agua en el futuro o agua limpia y recursos para tener calidad de vida?, Puedo informarme y participar en estos movimientos que no podrán taparse con el dedo en poco tiempo?.

Cuando estas preguntas se puedan contestar con seguridad, varios más habrán muerto. Mientras, todos somos Bertha.

Julia Torres

Febrero 15, 2018